Elegante conejito viaja en primera clase y hasta ordena copa de helado. Antes muerto que sencillo

Es común de ciertas personas, amar los lujos. Hay quienes teniendo mucho dinero (o no), siempre buscan aprovechar la máximo las ocasiones en que puedan darse gustos elegantes o simplemente realizar travesías y panoramas bajo la comodidad de la privilegiada primera clase. Una realidad que está, y que hay quienes la pueden vivir cotidianamente, mientras otros que solo una vez cada ciertas semanas o meses, o, en contextos de mayor carencias, tal vez con suerte una vez en la vida.


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Pero claramente, lo que nadie esperaría es que un conejo termine viajando en primera clase. Como el caso de Coco, uno conejito que al parecer gusta de volar en clase ejecutiva junto a su humana, Takako Ogawa, en trayectos de hasta 11 horas. Es tan refinado este pequeño mamífero, que su distinguido estilo, se nota a metros de distancia.


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Ya que este simpático y elegante conejo que gusta viajar en primera clase, viste casi siempre con su cuello de camisa y una tierna corbata, que además de volverle aún más abrazable, le sube literalmente el pelo en cuanto a su nivel de opulencia. Nada que envidiarle a las familias más aristócratas que se encuentran alrededor del mundo.

Viajando desde San Francisco hasta la casa de su humana en Japón, este simpático mamífero recibía tranquilamente un servicio interno de helado a bordo, mientras disfrutaba de su cómodo asiento en el vuelo de United Airlines. Esto también acompañado de un tazón lleno de frutos secos, que mordisqueaba con fineza y estilo.


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«Este es uno de mis vuelos favoritos entre los que he tenido. No hay nada como poder llevar a tu conejito en el avión (…) Coco parecía muy feliz en la cabina (…) Ella tenía mucha curiosidad y estaba saltando. Ella suele ser muy buena. Estaba muy tranquila al estar rodeada de personas y en un entorno diferente, por lo que lo tomó muy bien. No recibió mucha atención de otros pasajeros porque era la clase ejecutiva, por lo que realmente no se ve mucha gente (…) Cuando obtuve mi propio helado, la azafata miró y me preguntó si el conejo quería algo (…) No estaba segura de lo que podría tener para el conejo, pero consiguió algunos ingredientes como almendras y nueces y lo pusieron en un plato muy pequeño para ella»

– contó Takako a Metro.co.

A sus ocho años ya había viajado antes, cuando Takako, su humana, se mudó a California tres años antes. Ahora esta joven de 32 años volvía a su tierra natal, acompañada de su amado conejo, y temiendo previamente de que fuera demasiado viejo para viajar sin riesgos en la bodega.


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Finalmente, esta humana que trabaja como CEO, registró a este conejito como un animal de apoyo emocional, pagando 100 dólares y acomodándolo en el asiento de al lado tras saber que iba a estar desocupado.

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