El tierno gesto de Tomás Rosicky con su hijo, en medio de su partido de despedida

En diciembre de 2017, ya con 37 años y constantemente asediado por las lesiones, Tomás Rosicky le dijo adiós al fútbol. En el recuerdo quedará su talento innato con el balón, con el cual maravilló a los checos -y el mundo-, quienes lo apodaron el “pequeño Mozart”. Con pasos por el Borussia Dortmund, el Arsenal -donde destacó y levantó 4 títulos- y en el Sparta Praha, donde inició y terminó su carrera, la despedida del “10” tenía que ser a la altura. 


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El encuentro celebrado en su natal Praga fue entre un combinado de figuras locales, contra un 11 de estrellas del Arsenal. Así, jugadores como Cesc Fabregas, Van Persie, Clichy, Flamini, Hleb y Jens Lehmann fueron parte de un duelo que terminó 5-2 a favor del equipo de Rosicky. Sin embargo, el momento estelar de la noche no llegaría hasta el quinto gol.


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Ya con pocos minutos por jugar, el checo decidió hacer ingresar a su hijo, Tomas Rosicky Jr, de tan sólo 6 primaveras. El pequeño, que en un principio se mostró contrariado por la copiosa lluvia que caía sobre el césped, se envalentonó de inmediato y entró corriendo a la cancha.

Pero su padre tenía una idea aún mejor. Fue corriendo, lo tomó en brazos y lo llevó encima mientras “eludía” a sus rivales. Llegó hasta el área, atravesó las inofensivas barridas de sus ex compañeros del Arsenal, Cesc entre ellos, y quedó de frente a la portería.

Soltó al pequeño, le tiró un pase de taco y, con el fútbol en la sangre, Rosicky Jr atinó de inmediato. Un toque, dos toques y gol entre las piernas del mítico Jens Lehmann. Obviamente el estadio se vino abajo ante el emotivo momento, mientras el portero alemán primero, y su padre después, levantaban a Tomás Jr.


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“Me alegro de que haya mostrado su lado más humano”, soltó entre risas el celebrado, a quien el portero le tapó un penal unos instantes antes. Con esa postal de cierre, el ex capitán de la selección checa le decía adiós al fútbol profesional. Al tiempo que, además, su pequeño daba los primeros pasos en el césped que su padre desdibujó con “magia”.

Quién sabe, quizás Rosicky Jr. sea el próximo Mozart del fútbol checo. 

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