El poder del verde en la alimentación

Beatriz García Cardona/Estampas

Según la cromoterapia (antiquísima técnica de sanación natural, que emplea los colores para restablecer los desequilibrios energéticos que provocan las enfermedades), el verde es el color del equilibrio, la juventud, la esperanza y el renacer. Influye en la regeneración orgánica y química, y ayuda a que las personas se sientan más alegres y optimistas y con ganas de hacer nuevas cosas. También se identifica con la armonía y la estabilidad, y se utiliza como tónico contra el estrés y el cansancio.

En el caso de los vegetales, estas premisas también son válidas: los de hojas verdes son los que más promueven la regeneración celular, desintoxican y aumentan el vigor físico, y los de un tono verde muy oscuro mantienen en buenas condiciones las defensas del sistema inmunitario.
Por tanto, poniendo ese color en la mesa, no se puede equivocar si quiere darle movimiento y salud a su vida cotidiana.

Superverdes
Al menos cinco días a la semana los nutricionistas recomiendan introducir en la dieta vegetales muy verdes, ya que son los que tienen más clorofila, lo cual es sinónimo de vitalidad. Además, de acuerdo a la cromoterapia, ayudan a prevenir el agotamiento, mejorando la resistencia física, y son una cura preventiva contra el pánico, miedo y la aprensión.

A continuación cinco muy conocidos, principales cualidades nutritivas y algunos trucos para hacer más fácil su inclusión en la comida cotidiana:

Espinacas vitamínicas
Su riqueza en hierro es bien conocida y notoria (4,1 mg/100 g), pero este sabroso vegetal aporta muchos otros nutrientes que el organismo asimila mejor y que se hallan en sus hojas en mayor proporción que en otras hortalizas. Así, una ración de 250 gramos de espinaca cubre con creces las necesidades diarias de las vitaminas A, C y ácido fólico. Aporta, asimismo, una quinta parte de la vitamina E requerida al día y una cuarta parte de la B1, B2, B6 y B8; así como buena dosis de minerales como potasio, calcio, magnesio, flúor y yodo. Y todo ello con un mínimo de calorías:18 por 100 gramos.

Sofritas con aceite de oliva y ajo son un acompañante perfecto para pescados, verduras y carnes. También se pueden aprovechar mucho mejor sus nutrientes si se escogen tiernas y se comen crudas en ensaladas, sustituyendo a la lechuga.

Acelga, rica en minerales

Esta humilde hoja ofrece lo contrario que buena parte de los alimentos que abundan en la dieta actual: muchos nutrientes y muy pocas calorías (solo 23 cal/100 g). Su riqueza en hierro (2,7 mg/100 g) y pequeñas dosis de cobre (80 mcg) la convierten en una buena aliada frente a la anemia, aunque también aporta calcio, potasio y fósforo. Si no se cocina en exceso, resulta además muy rica en vitaminas A, C y del grupo B. Cocida al vapor o hervida ligeramente y aliñada con un diente de ajo y aceite de oliva resulta muy sabrosa. Se puede incluir en las cremas de vegetales, o rehogarla con un poco de aceite y ajo, y dejarla cocinar tapada a fuego lento, sin agua, unos diez minutos; de está forma se cocerá en su propio jugo. Al final se le pueden añadir unas almendras troceadas. También quedan exquisitas en tortillas, sustituyendo a las papas, ligeramente sofritas con ajo antes de mezclarlas con el huevo.

Berro, picante y purificador

Sus aromáticas hojas, de sabor fuerte, amostazado y algo picante, imprimen personalidad a ensaladas, sopas y revoltillos, a los que da un toque de color y enriquecen con su aporte de minerales y vitaminas. Proporcionan cantidades considerables de calcio, hierro y potasio, así como abundante vitamina C y ácido fólico, sobre todo si se consumen crudos: un manojito de 30 gramos cubre hasta el 30 por ciento de los requerimientos diarios de estas dos vitaminas. También aportan buenas dosis de vitamina A y otras del grupo B. Se consideran remineralizantes y depurativos.

Brócoli, ramillete nutritivo

Pocos vegetales aportan tantos minerales y vitaminas como este pariente italiano del coliflor. Una ración de 200 gramos no solo procura toda la vitamina C y el ácido fólico que se precisan al día, sino también abundante vitamina A y del grupo B (1, 2, 3 y 5). En minerales se puede considerar una mina, pues es rico en potasio, fósforo, magnesio, calcio y hierro, además de aportar pequeñas cantidades de cinc, cobre y manganeso.

Sin embargo, no es esta riqueza nutritiva lo que le ha merecido al brócoli su fama de hortaliza protectora, sino su contenido en sulforafano, un compuesto azufrado antioxidante, que lo convierte en un buen aliado en la prevención de cánceres como el de mama, colon y pulmón. Además, ayuda al hígado en sus funciones depurativas. Cocinarlo al vapor es la mejor forma de aprovechar sus virtudes.

Escarola, liviana y depurativa

Sus vistosas hojas verdes visten las ensaladas, donde tomate, cebolla, apio y un toque de queso fresco o macerado comparecen a menudo como delicioso contraste a su sabor un poco amargo.

Muy ligera (12 cal/100g), constituye una gran fuente de ácido fólico (150 gramos aportan el doble del que se precisa al día), y también proporciona vitamina C y flavonoides que protegen frente al cáncer.

Al igual que otras lechugas amargas, estimula la secreción de jugos digestivos y ayuda al hígado y la vesícula biliar en su función depurativa.

Le sientan bien los aliños aromatizados y las vinagretas. Otra buena idea es salpicarla con pasas y nueces.

Source: soymaratonista – deportes -2

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