El intérprete de Kim Jong-un suspira aliviado al haber evitado seis veces el inicio de la Tercera Guerra Mundial

El encuentro histórico entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano Kim Jong-un, celebrado hoy en Singapur, podría haber acabado en tragedia si no hubiera intervenido varias veces el intérprete norcoreano Shin Young-chol. “Hasta en seis ocasiones ha tenido que improvisar traducciones no literales, o directamente contrarias a lo que Trump estaba diciendo, para que no estallara la Tercera Guerra Mundial”, explican varios miembros del gobierno del país anfitrión.

“Cuando los dos mandatarios se han separado al fin, el pobre hombre se ha encerrado en el baño casi veinte minutos, totalmente pálido, derrotado por la enorme presión de lograr un entendimiento entre su líder y el señor Trump que salvara al mundo de su completa destrucción”, relata uno de los presentes en el hotel de lujo de la isla de Sentosa, donde ha tenido lugar la reunión.

Según relatan los testigos, Trump ha señalado unos papeles sobre el programa nuclear norcoreano y ha preguntado “¿Y esto dónde está?”, a lo que Kim Jong-un ha respondido “Eso digo yo, por qué tenéis eso vacío ahí”. Seguidamente, ha tenido lugar el siguiente diálogo:

Trump: Señor, ¿me deja ver sus cabezas nucleares?
Jong-un: Estas son mías del año pasado.
Trump: Señor, estos misiles están nuevos.
Jong-un: Porque estos misiles los uso poco.

La tensión ha llegado al punto más álgido cuando Trump ha sentenciado “SI NO ME DENUNCIA ÉL LO VOY A DENUNCIAR YO POR VIOLAR LOS ACUERDOS INTERNACIONALES” y Kim Jong-un ha replicado “ESTO NO SE VA A QUEDAR ASÍ. TENDRÁS CONTRAPARTIDA”. Cuando el conflicto parecía inevitable, el intérprete ha vuelto a intervenir “endulzando” las frases del norcoreano al traducirlas al inglés. “ÉL ME INSULTÓ Y ME GRITÓ Y SE RIÓ DE MÍ”, dijo Kim Jong-un, pero a Trump se le tradujo la frase como “Bueno, vamos a hablar”. Este cambio de actitud favoreció que Trump abandonara el tono agresivo y “de chulería”. “Me pide me perdona” fue traducido como “que le pido yo a él”, de modo que ambos mandatarios creyeron que el otro le estaba pidiendo perdón.

Hay unanimidad al reconocer que, de no haber intervenido el intérprete, la conversación habría tenido un final muy distinto. Afortunadamente, hay esperanzas de que la diplomacia pueda sustituir a las hostilidades entre Washington y Pyongyang, siempre y cuando Kim Jong-un siga contando con el mismo intérprete, firme candidato a recibir el próximo premio Nobel de la Paz.

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